La Cartuja Baja, situada a unos seis kilómetros de Zaragoza, es un barrio lleno de historia. La
primera piedra del monasterio se puso el 9 de septiembre de 1ó51, pero hubo que esperar trece
años para que las obras comenzaran realmente. El cenobio fue impulsado por Jerónima Zaporta,
mujer de carácter y miembro de una rica familia de banqueros de Zaragoza, de cuyo ejemplo
podemos ver el patio labrado que alberga el edificio central de lbercaja en su interior.


Aragón cuenta con tres cartujas: Las Fuentes (en Sariñena, Huesca) y otras dos en la capital
aragonesa, con elAula Dei. La de La Cartuja es el único ejemplo de España, donde, con los años, se
estableció un uso civil, una singularidad que destacan mucho los historiadores. Desde 1980 está
declarado Conjunto Monumental.


Los primeros monjes cartujos se establecieron en las 42 celdas alrededor del claustro (actual
parque del Huerto Frisón). Todavía se pueden ver hoy algunos ejemplos y resquicios de estas viejas
construcciones de ladrillo. La iglesia, concluida en t767,de estilo barroco y con importantes
pinturas en su interior, es una de las joyas del barrio, una sorpresa. En tiempos de esplendor,
recibió la visita de dos reinas: Maria Luisa de Saboya (esposa de Felipe V)y Maria Luisa de Parma
(esposa de Carlos lV). Los cartujos de la orden de San Bruno, cerrados en principio alcontacto con
mujeres, hicieron con ellas una excepción.


Con la guerra de la lndependencia, las tropas francesas ocuparon y saquearon La Cartuja.
Posteriormente, con la desamortización de Medizábal, se procedió a la venta de bienes y terrenos,
así que en 1835 el monasterio se quedó sin cartujos. En la actualidad se puede ver, con un
pequeño paseo, el conjunto que fue habilitando como viviendas de agricultores, antepasados de
muchos vecínos de hoy.


En cualquier momento es posible disfrutar del imponente escenario cartujano, con muchos
elementos de aquel conjunto que impulsó Jerónima Zaporta, una mujer con determinación. La
lglesia rehabilitada con todo detalle hace unos pocos años, es un magnífico ejemplo de barroco,
más sobrio en su exterior y con profusión de pinturas en techos y paredes. El paseante puede
observar aquí la obra colorista de Ramón Almor, inspirada en La Cartuja de las Fuentes, en
Sariñena. El interior de la iglesia sigue la pauta de la obra de Ventura Rodríguez en el Pilar de
Zaragoza, un ejemplo de época. En la iglesia, como un juego, hay quien intentará buscar el
trampantojo pintado de un cartujo asomado desde una falsa ventana. Trampas del barroco.


Saliendo de la iglesia, en la plaza de España, se ubican los antiguos edificios de la Hospedería y la
Procura, edificios macizos de ladillo en buen estado de conservación, asícomo la Portería,
rehabilitada hace unos daños y con un magnífico interior, lleno de posibilidades.


En el otro extremo de la plaza, atravesando un pasadizo, nos encontramos con el refectorio,
magníficamente reconvertido en un auditorio municipal, donde de vez en cuando se celebran
conciertos y citas culturales. Pasado el Huerto Frisón, dirigiendo los pasos hacia la avenida de Los
Plátanos, hallamos la casa del Prior, con un restaurante su interior. Y en uno de los extremos de la
calle 14 de Septiembre se puede ver también una de las pequeñas torres semicirculares que
jalonaban el viejo conjunto monacal. Esas mismas estructuras se repiten también en el resto la
muralla perimetral, que rodea en parte al barrio, sobre todo en su cara que mira al Ebro. Allí, más
allá de la historia de los cartujos, uno puede encontrar en la orilla un bonito puente verde
metálico, que se abre hacia los sotos y conecta con La Alfranca, posibilitando un agradable paseo
por la naturaleza.